EL HUERTO DE GETSEMANÍ 1ra Parte

Jesús momentos antes de ser capturado y crucificado.

Entraremos a analizar las últimas horas antes de que Jesús fuera entregado, humillado y crucificado

“Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habla el tal profeta; no tengas temor de él”
Deut. 18: 22

Teniendo en cuenta el anterior pasaje bíblico, aprendemos que la prueba que nos demuestra que un profeta es de Dios, es que se cumplen las profecías del profeta en un cien por ciento. De las profecías que anunción Jesús, el ciento por ciento se cumplieron.

Getsemaní (del griego)→ Aceite prensado

En Getsemaní fue el lugar donde Jesús oró más fervientemente que en cualquier otro lugar. De los evangelios de la Biblia, tres de ellos mencionan el huerto de Getsemaní; Mateo, Marco y Lucas. En Juan no se escribe sobre el huerto ya que el profundiza más en las enseñanzas de Jesús porque el evangelio que habla de la deidad de Jesucristo.

Mateo describe a Jesús como el Rey; Lucas como el Hijo del Hombre y Marcos lo describe como el siervo.

Los cuatro evangelios nos dan cuatro perspectivas de la vida, carácter y enseñanzas del Señor Jesucristo. Pero en el evangelio de Juan podemos detallar lo ocurrido antes de dirirgirse al monte de Getsemaní.

“Jesús les respondió diciendo: ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.
De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo: pero si muere, lleva mucho fruto”.
Juan 12: 23 – 24





En estos versículos evidenciamos que Jesús nos quiere ilustrar lo sucedido en la cruz. Para el punto de vista humano, el evento de la crucifixión pudiera ser el más terrible de los acontecimientos que pudieran sucederse a un ser humano, pero vemos que Jesús sabía lo que iba a ocurrir mediante su sacrificio en aquel madero por amor a nosotros y nuestra salvación.

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida
en este mundo, para vida eterna la guardará”.
Juan 12: 25

Dicho de otra manera, significa que el que quiera vivir una vida para sí mismo, para disfrutar de los placeres de este mundo, la perderá eternamente. Más aquel que le entregue su vida entera a Dios, será guardado para vida eterna.

“Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mi, no es digno de mi”.
Mateo 10: 38

Jesús nos llama a morir a la carne y a vivir una vida entregada a Él. El que muere, es el ego del hombre. Un cristiano crucificado se puede identificar porque ya no reacciona a las traiciones, a las burlas, a las calumnias, a los chismes. Es la persona que muere totalmente a su ego.

Al contrario de ello, un cristiano no crucificado, es una persona que al momento en que alguien le dice algo se siente lastimado, ofendido, humillado.

Una persona que reacciona ante la exhortación de un hermano es aquella que aún no ha muerto a su ego. El ego es el más grande enemigo del hombre.

Todas las pruebas por las que pasamos, las situaciones y aflicciones de nuestra vida cristiana tienen un propósito, y es de hacer morir cada vez más el ego de cada persona, de hacerlo más sencillo para participar de la obra de Dios, sin vanagloriarse a sí mismo. Una vez estamos muertos a la carne o ego, Dios nos empieza a llenar con el Espíritu Santo en todos los aspectos.

Una persona muerta al ego es la que realmente esta llena del Espíritu Santo y es una persona humilde, sencilla y mansa.

Hasta que el ego es prensado, empieza a fluir el aceite del Espíritu Santo.

“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere,
allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere,
Mi Padre le honrará”.
Juan 12: 26

Jesús nos hace el llamado para servir a los demás. El vivir para los demás es el secreto de la felicidad.

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