Mi Encuentro Con La Muerte

El conocimiento de la muerte trae una cierta claridad a la vida.

Acercarse a la muerte hace que la belleza de la vida y la realidad de la eternidad se destaquen en colores rígidos y ardientes.

Viajábamos a una velocidad apropiadamente lenta, avanzando lentamente a lo largo, simplemente tratando de llegar a casa.

Pero a veces conducir despacio no es suficiente. Las leyes de la física pueden hacer serios daños, no importa lo lento que se vaya.

Cuando realizabamos un giro, nuestra furgoneta comenzó a deslizarse simultáneamente de lado e ir a la deriva hacia el separador.

Nos deslizamos hasta que estábamos perpendiculares a la carretera, después saltamos el separador y quedamos en medio del concreto. Estábamos en tal posición que fácilmente podríamos haber sido golpeados por coches que vinieran de cualquier dirección.

Pero no nos dieron. Y no volamos ni un neumático ni rompimos una línea de combustible. Dios había arreglado soberanamente los patrones de tráfico de la noche de tal manera que cuando perdimos el control, nadie estaba allí para golpearnos. Pudimos volver a la autopista y conducir a casa.

Mientras conducíamos a casa, dimos gracias a Dios por salvar nuestras vidas. Podríamos haber muerto, dejando a nuestras tres niñitas sin padres.

Cuando llegamos a casa, abrazamos a nuestras niñas fuertemenete y las besamos y simplemente estabamos encantados con ellas. Nos regocijamos en el maravilloso regalo llamado vida. Sí, nuestras niñas pueden ser locas y lloronas y se niegan a obecer. Sí, nuestras niñas nos pueden impulsar hasta el punto de quebrar.

Pero cuando te enfrentas a la muerte, todo lo demás parece intrascendente.



¿Por qué el acercarme a la muerte tuvo un impacto tan positivo en mí?

En el Salmo 90, Moisés escribió:

Así que enséñanos a numerar nuestros días para que podamos obtener un corazón de sabiduría. Salmo 90:12

Acercarme a la muerte me recuerda que mis días están contados. Mi vida es dolorosamente corta. Una neblina. Un vapor. Tengo algunos años cortos en esta tierra. Unos pocos años para abarcarlos de amor por Dios y amor por los demás. Unos pocos años para atesorar a Jesús, atesorar a mi esposa y a mis hijos.

Lo ocurrido en la carretera me da un corazón de sabiduría. Me recuerda lo que es importante y cuáles son mis prioridades.

Sería prudente considerar la muerte más a menudo. Para numerar mis días. Para recordar la brevedad de mi vida.

No estoy tratando de ser morboso u obsesionado con la muerte. No quiero vivir mi vida atrapado por el miedo. Pero recordar mi inminente muerte también me ayuda a vivir más plenamente.

¿Cuándo fue la última vez que consideró la muerte?

Ahora, si me disculpa, tengo que dispensar algunos abrazos.

Adaptación del texto: My Brush with Death

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